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A lo largo de los últimos 17 años de mi vida, he realizado un total de 15 mudanzas. 15 cambios de casa en 5 ciudades diferentes, eso sin contar las que haría de pequeña con mis padres. Entiendo perfectamente lo que significa tener que adaptarse a los cambios. Entiendo que puede ser difícil acomodarse a un cambio de entorno, pero también sé bien, que pasado un tiempo haces que el nuevo sitio sea tu casa.

 

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Cuando en ese nuevo ambiente introduces tus cosas, poco a poco vas notando el olor y el calor de tu hogar. Me pongo como ejemplo. Hace un par de meses que me mudé a una casa nueva en una ciudad que ya conocía, pero no la misma donde había vivido los dos años y medio anteriores. Nada más llegar al piso nuevo, los primeros días solo disponía de parte de mi ropa; el resto de pertenecías llegarían unos días más tarde. Pues bien, el día que llegó algo tan sencillo como mi almohada, mi edredón, y algún que otro adorno empecé a sentirme en casa. Con esto no quiero decir que las pertenencias materiales sean lo más importante que tenemos, tampoco intento decir que no conseguiríamos adaptarnos sin ellas, sino que esas pertenencias han formado parte de tu vida anterior y tienen recuerdos muy valiosos. ¿Podría vivir sin los cuadros de mi padre?, seguro que sí, pero el mirarlos me hace sentir en casa, me hace sentirme agradecida de que invirtiera mucho tiempo en realizarlos para mí, forman parte de mi historia.

Ahora hagamos un ejercicio de empatía pensando en una persona mayor a la  que sacan de su casa donde vivió posiblemente la mayor parte de su vida. La llevan a un centro que se convertirá en su lugar de residencia el resto de sus días. No me malinterpretéis, no intento criticar las residencias, simplemente me pongo en el lugar de sus residentes y reflexionar sobre la importancia del entorno en nuestra vida.

Esos centros, normalmente son centros fríos, con un ambiente muy sanitario, que en ocasiones recuerda a los pasillos de un hospital. Las habitaciones son todas iguales, individuales o compartidas. Los usuarios tienen su ropa y con suerte alguna foto en su mesita de noche.

¿Realmente nos extraña que les cueste adaptarse a ese nuevo entorno? A mí, sinceramente me costaría horrores hacerlo. Un entorno nuevo, nuevas personas, sin mi casa, sin mis cosas, mis costumbres, sin mi vida.

Estas personas van a pasar un duelo hasta que consigan adaptarse o resignarse a que esa es su nueva vida.

Si se creara un entorno más acogedor y personalizado donde ellos pudieran recrear parte de la vida que dejan atrás, ¿no creéis que todo sería más fácil? Ahora pensemos en personas con principios de demencia de algún tipo, ¿no pensáis que pasar a un entorno tan nuevo y desconocido puede, en cierta manera, acelerar el proceso?, o planteado de otra forma, ¿creéis que un entorno hogareño y acogedor donde tengan sus recuerdos de vida podría retardar el deterioro? Aunque no lo retarde mucho, yo pienso que por lo menos se ganaría en calidad de vida y en trabajo de reminiscencia.

Vayamos un poco más allá. En estos centros se suele decir que se trabaja con un modelo de atención centrado en la persona. El concepto me parece perfecto; si nos centramos en la persona y en su individualidad podremos dar a cada uno una atención centrada en sus necesidades particulares, pero ¿realmente se aplica el modelo de atención centrado en la persona? Yo creo que no, por lo menos no el concepto que yo tengo sobre ese modelo.

Como se dijo antes, al llegar a estos centros tienes que cambiar inevitablemente tus costumbres. Hay un horario normalmente para las duchas. Si necesitas de alguien que te ayude, puedo llegar a entender que no sea viable disponer de una persona en el momento que tú quieras, pero si eres independiente para hacerlo, no entiendo que tengas que seguir los horarios que el centro cree mejores para ducharse.

Vamos con otra actividad básica, la comida. En la mayoría de los centros hay una comida establecida y te guste o no, es lo que tienes que comer. No digo que tengan que disponer de una carta con 40 platos, pero si se podría dar a elegir entre dos. Por ejemplo, yo no como nocilla, y no creo que me venga el antojo de empezar a comerla con 85 años, entonces ¿por qué no puedo tener la opción de merendar una fruta? ¿Dónde está la atención centrada en la persona si se le elimina la capacidad de elección?

Reflexionemos sobre el tema. Si en un futuro estamos en la situación de tener que vivir en un centro, ¿cómo nos gustaría que fuera? ¿cómo nos gustaría vivir los últimos años de nuestra vida?

Al final el dinero manda, como siempre todo se reduce a eso. Quizás nunca disponga de los medios económicos que me permitan montar mi residencia ideal, pero tengo clarísimo como sería. Sería un lugar acogedor, personal. Un lugar donde no me importara acabar mis días. Un lugar para recordar, para morir sin la pena de pensar que llegado a viejo ya no importas. Un lugar donde lo primero sea la persona como ser individual.

Soñar es gratis….y por eso en los sueños nunca mandará el dinero.

 

About Maria

Mi nombre es Maria, soy Terapeuta Ocupacional por la Universidad de La Coruña y en la actualidad estoy buscando trabajo. A pesar de que el panorama laboral que vivimos no me da la oportunidad para ejercer un trabajo remunerado, mantengo la ilusión e inquietud por todo lo referente a la Terapia Ocupacional, hecho que me ha empujado a escribir este blog.